Nueve años después, Ruth Beitia y Sete Benavides han sido reconocidos oficialmente como medallistas olímpicos. En Londres 2012, ambos no pudieron disfrutar de una celebración en condiciones debido a la lacra del dopaje; la descalificación de Svetlana Shkolina, en salto de altura, y de Jevgenij Shkulin, en C1-200m., han provocado que nuestros deportistas escalen, ya de manera oficial, al tercer escalón del podio.

El piragüista balear añade a su trayectoria su primera medalla olímpica; Sete no consiguió clasificar a los Juegos de Tokio viéndose perjudicado por la composición del programa de su deporte. No obstante, los nuevos cambios introducidos para París (con la inclusión del C2-500) abren de nuevo la esperanza de poder volver a ver competir a Benavides en unos Juegos. No será empresa fácil, tras la irrupción en el pasado ciclo de la pareja sevillana formada por Cayetano García y Pablo Martínez, actuales referentes de la canoa española masculina. El futuro es incierto. Lo que ya es seguro, a día de hoy, es la confirmación de su bronce olímpico en Londres 2012.

Por su parte, Ruth Beitia suma así su segundo metal olímpico tras el oro alcanzado en Río 2016. El atletismo se confirma como una de las disciplinas referentes en nuestro medallero histórico: en hasta nueve citas olímpicas se ha conseguido, al menos, una presea en este deporte. Sin ir más lejos, este verano Ana Peleteiro volaba en Tokio hasta el bronce en triple salto, con un nuevo récord de España incluido (14,87m).

Estas dos nuevas preseas engrosan el resultado de la delegación española en Londres hasta las 20 medallas (4 de oro, 10 de plata y 6 de bronce). Es el segundo botín más alto de nuestra historia (junto con Atenas 2004), tan sólo por detrás de las, hasta ahora, inalcanzables 22 medallas de Barcelona 1992.

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